Preferiría no hacerlo, por Juan A. Hernández Les

En este blog su autor edita un artículo semanal.Posee un carácter transversal en cuanto a su actualidad y a sus temas.Básicamente apunta en la dirección de una educación estética que pueda garantizar, en mayor medida que la formación política, la libertad.

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Juan Hernandez Les,Doctor en Historia y profesor de Comunicación Audiovisual y Periodismo, da Universidade de Santiago de Compostela.

Saturday, October 01, 2011

Va pensiero


Empiezo a sospechar que casi todo lo que nos sucede está conectado por hilos muy profundos. Morgan, escribiendo para Eastwood el guión de Más allá de la vida, propone una reflexión sobre la muerte que ha disgustado a los correctos de la cosa pública, como si en este universo no fuera posible también lo inefable. En realidad no suele hablarse casi nunca del consciente, porque el consciente no se dice, no se comunica, pero siempre vive actuando sobre nosotros como cuando ya al final de la película el síquico se acerca a la superviviente y se dan un abrazo con un beso, cuando sólo era una idea que le está pasando por la cabeza. El verdadero final es que se habían citado en una terraza, se ven, se cogen de la mano y punto final. En el fondo es lo mismo. No han necesitado hablar ni una sola palabra para saber que se aman.

Comprendo que hablar de fantasmas y de espíritus a estas alturas de la película le resulte extraño a los confiscadores de esperanzas, pero lo cierto es que entre tanto charlatán, al que acude el niño en busca de ayuda, la figura del obrero Dammon crece en la medida en que éste quiere librarse de sus omnímodos poderes mediáticos, y en el hecho de que todo gira en torno a la otra vida, y la otra vida sólo le habla de la muerte y de los muertos. Ayer, y no es broma, me asenté en una ambulancia camino del castillo, y nada más hacerlo le comenté a mi enfermero que la vida es muy dura y, entonces, el hombre, cual filósofo desvencijado, me respondió con esta pregunta: ¿acaso hay otra? Yo no tenía arrestos para entrar en filosofías y reorganicé los asuntos que me trasladaban de nuevo a las luces blancas y a las transfusiones.

Nadie se ha preguntado por qué en el filme de Eastwood, un filme tan sólido como cualquiera de los de Capra con una mezcla de free cinema por el medio, se oye el va pensiero de Verdi en medio de las suculentas salsas que aprende Dammon en unas clases de aprendizaje culinario. El cocinero les ha dicho que les va a poner un poco de ópera porque la música es inevitable para aprender cocina. En esas escenas tan eróticas en las que una mujer fascinante va al encuentro del médium como si buscara al mismísimo Dios, no pude reprimir en mi interior la letra de la canción, de esa canción que le fue arrojada a Berlusconi esta primavera por el coro trágico de Nabuco en forma de línea universo: vuela pensamiento con alas doradas, pósate en las praderas y en las cimas, donde exhale su suave fragancia el aire dulce de la tierra natal; salvada a las orillas del Jordán, y a las destruidas torres de Gión.!Ay!, mi patria tan bella y abandonada, recuerdo tan grato y fatal.¿por qué cuelga silenciosa del sauce. Háblanos del tiempo que fue; canta un aire de crudo lamento al destino de Jerusalem, que nos infunda valor en nuestro padecimiento.

Vi al coro emocionado repitiendo las últimas estrofas a petición del público asistente, un público aristocrático, unos actores aristocráticos. Qué había de línea universo entre aquellos judíos errantes de Babilonia y estos italianos que al fin se sentían unidos. Algo así ocurre con la experiencia de la muerte. Usted -le dice la doctora- ha tenido una experiencia de la muerte: ha visto sombras, y ha oído un silencio aterrador; más, no sabemos, qué le puedo decir. En su trabajo la joven comunicadora empieza a perder aceite, su estúpido amante ya no le ama, y sus editores no aceptan que ella, en vez de entregarles un encargo sobre Miterrand, les haya entregado a cambio otro sobre su muerte. Eastwood es duro sobre la progresía: no le gusta. Mientras, el niño, que ha perdido a su hermano de una manera injusta y cruel, busca afanosamente un encuentro inmortal porque así no quiere seguir viviendo, lo que revela hasta qué punto es posible sufrir en la infancia. Y Dammon, que ya está harto de todo, de su propia vida y de sus revelaciones, se va a Paris por siescaso como dicen en Camariñas.

Qué significa todo esto. Los tres van al encuentro de todos, y el destino, otra vez el destino, los hace participar de la consumación de una línea universo concluyente. No sé si la gente es consciente de lo que hay por debajo del Va Pensiero. Me inclino a pensar que si no existiera la Historia, ni los historiadores, ni los recolectores de muertos por las esquinas, no pasaría nada, porque las personas y los pueblos saben muchas cosas acerca del pasado gracias al Pensamiento, y a ciertas líneas universo que nos conectan entre sí, igual que el hilo de Ariadna hizo posible que Teseo encontrara la salida después de haber matado a su hermano, el pobre minotauro.

Lamento mucho decir que Más allá de la vida es una obra maestra que articula mis entrañas, sueltas y deshilachadas estos días por mor de eso que le dije al enfermero, qué dura es la vida para todos. Pero, ¿ acaso hay otra vida? Le pregunté cuántas horas trabajaba, y me dijo que doce, y que en ese mismo instante nos seguían por satélite para que la ambulancia se sometiera al recorrido pactado. Pensé en el mundo y en la vida, y me pareció que la esclavitud, al lado del trabajo que desempeñan estos hombres, tuvo que haber sido un paraíso.

A mí también me gustaría dar con un síquico que me proporcionara la veleidad de hablar con mi padre, sobre todo después de haber comprobado que sus restos, cubiertos dentro de una bolsa de plástico, después de mi última visita, no pesaban más que una paloma en la mano. El momento es trágico: el niño, al fin, se ve con Dammon, porque el síquico, que lo ha apartado con violencia, no puede soportar ver desde la ventana que  el niño todavía permanece allí implorándole. El encuentro es magnífico. El niño habla con su hermano muerto, y le dice que se va ir con él porque no soporta su ausencia. Dammon, entonces, le dice algo muy importante: no es necesario que te vayas a reunir con Jasón, porque Jasón eres tú, está en ti, y tú estás en Jasón: sois la misma persona. Esa gran idea hace posible que crea en los servicios deleuzianos de las líneas universo comprendidas en la imagen tiempo.

La historia de Jasón y Marcus me recordó una línea universo en mi propio pasado. Yo era un niño como Marcus, y un día viene uno de mis hermanos y me dice que ha hablado con un síquico, un mediador, un agorero, una de esas cosas, y que poniendo mi nacimiento en relación a la posición de los astros me sale una carta astral tan lamentable que prefiere, en realidad, no decirme nada acerca de las consecuencias de mi aparatoso designio universal. No hizo falta que me aclarara más, porque la cosa ahora está a las claras, y todavía me espero a lo peor, al desenlace.

Eastwood, con todo, que hace esta película con 80 años, ve en su vida ciertas líneas universo, empieza a preguntarse cosas de la muerte y aun cuando algunos han dicho que se trata de la primera ciencia ficción en su obra yo no veo nada de este género en la exposición de los hechos. Veo al consciente trabajando sobre el inconsciente. Las aluciones forman parte de la realidad. Quién no ha tenido alucinaciones, presagios, daimones que te hablan a los oídos, y otras experiencias para normales que son la cosa más normal del mundo.

Cuando yo era como Marcus jugaba a encestar en la cancha de baloncesto. Yo jugaba solo mientras los otros niños del campamento resolvían otras actividades, esparcidos por el campamento. Mientras botaba la pelota una y otra vez contra el cemento me vino una idea que repetí sin cesar hasta al final: mis padres se han muerto, mis padres se han muerto. Por fin, un día, todo se acabó: bajé del autobús y me dirigí a casa, reboteando mi frase favorita dentro de mi cabeza. Mi madre me abrió la puerta y comprendí que algo me había pasado, porque todo seguía en su sitio favorablemente. Me metí en el baño como si hubiera vuelto de la guerra. Todo está bien, todo está bien, me dije, como dice Edipo al llegar a Colono. Y, entonces, empezó mi verdadera vida.

He terminado, sr. presidente, muchas gracias.


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