Preferiría no hacerlo, por Juan A. Hernández Les

En este blog su autor edita un artículo semanal.Posee un carácter transversal en cuanto a su actualidad y a sus temas.Básicamente apunta en la dirección de una educación estética que pueda garantizar, en mayor medida que la formación política, la libertad.

My Photo
Name:

Juan Hernandez Les,Doctor en Historia y profesor de Comunicación Audiovisual y Periodismo, da Universidade de Santiago de Compostela.

Saturday, January 28, 2012

Vísperas del gozo



Veo que Montoro y de Guindos hablan de cifras sin percatarse que en asuntos de empleo es decisiva la educación. De igual modo veo que la clase política en general habla de cambio del sistema productivo sin saber de lo que hablan. Naturalmente incluyo aquí a los llamados agentes sindicales que son los que menos saben de nada, pero rigen el destino fatal de los trabajadores sin entender que los medios deben justificar los fines, y no al revés. Y, naturalmente, a los trabajadores, que no se libran.

No creo que los arriba mencionados hayan leído a Marías, porque de haberlo hecho habrían encontrado en él una dirección oportuna en la claridad de las ideas. Si el hombre fuera solo un ser perceptivo, decía, atenido a realidades presentes, no podría tener más que una vida reactiva, en modo alguno proyectiva, electiva y, en suma, libre.

Pero el hombre es básicamente imaginación e ilusión. Es emergencia, puesto que la vida no es algo que nos venga, nos llegue dado, sino que por el contrario hemos de salir todos los días a su encuentro, puesto que mientras vivimos tenemos futuro, y aún no estamos hechos. Esta idea de futuro es una de las ideas sustanciales de su breve tratado de la ilusión, aspecto que, paradójicamente siempre traté en mis exposiciones y trato sin que hubieran pasado por mis manos todavía algunos ensayos esenciales, como el de Schiller sobre educación, o el de Marías, que ahora sigo.

Los especialistas del trabajo, como estos ministros de arriba, o aquellos otros de abajo, tienen una idea del trabajo muy antigua. Les da igual de qué trabajo se trate. En el fondo a todos les encantaría tener una máquina como la de Metrópolis tragándose obreros para engrasamiento de los cilindros, sin percibir que no es el hombre el que se hizo para el trabajo sino que es el trabajo el que se hizo para el hombre. La cuestión que se discute es de nuevo un asunto de esclavitud y libertad. Ellos hablan del trabajo sin recordar que ya Salinas, aquel gran poeta, hablaba de la víspera del gozo, de la ilusión. No hay en su obra nada, ningún poema, que no aparezca anticipado por la ilusión. La tragedia de Sísifo no era tragedia por culpa de la roca, era tragedia por su falta de sentido. El cambio de sistema productivo debe incluir a los hombres éticos, a los hombres que piensan la vida como un juego. Porque la vida no es otra cosa que juego, ludere, ilusión.

Cuando he hablado de destino creo que no se me ha entendido. El destino existe en tanto que relación existencial con el porvenir. Hay en el medio una traslatio en espacio y tiempo pero hay también una lucha por adaptar el destino a lo que uno logre saber quién es y qué es. Sólo puede ilusionarnos lo que no es cosa, las cosas que no nos cosifican, aquellas cosas que mantienen una estrecha relación con nuestro proyecto personal que es existencia y destino. Fuera de la ilusión la vida se convierte en un no sentido. Este un no sentido les importa un bledo a los sindicalistas: creen que un trabajo bien remunerado salva al hombre, y así, en el fondo, sus ideas son iguales a la de los empresarios o a los ministros de arriba que aceptan la esclavitud, es decir, el trabajo irracional que cosifica y mata, pues en el momento en que la ilusión desaparece todo se viene estrepitosamente abajo.

No es el fracaso lo que me destruirá como viejo o jubilado, sino la falta del carácter proyectivo que halle o haya en mi vida. Me produce una cierta repulsión ese recuerdo compulsivo que algunas malhadadas gentes me trasladan al recordarme qué bonito es ser abuelo, como si hubiera llegado a mi última estación. En este sentido sé que estoy salvado por la lectura y, todavía, por la lectio. Y que no estoy terminado. Otros, con más crueldad, te aconsejan que te vayas a pescar, inconscientes del significado de la víspera del gozo. La víspera del gozo significa que Cimeras alegrías, tremolantes, gozo inmediato, pasmo que se acerca: la frase más difícil, la penúltima, la que lleva derecho hasta el acierto, perfección vislumbrada, nunca nuestra.

Es verdad lo que dice el filósofo bajo la influencia de Ortega, y de Heidegger, sus maestros: las trayectorias vitales no sólo son argumentales, sino que están trazadas argumentalmente. Las escuelas antes de nada deberán enseñar a los infantes este trazado argumental. Para Vygotski y, para Brecht también, es un argumento dramático. Vivir es dramático en el sentido del esfuerzo y de la ilusión. Más allá de cualquier aspecto personal, cualquiera vida es dramática, por lo mismo que lo es el teatro en su representación. Esto explica de algún modo que haya dicho tantas veces que para salir a la vida y al encuentro con los otros, y a la disposición del trabajo, haya que acudir al emblema creacional del personaje que uno es.  Y que no hay que tenerle miedo a esta representatividad del yo, que no es el yo del deseo, sino el yo de la ilusión.

Esto es algo que conocen relativamente los psicólogos, mediadores de la empresa y el patrón, pero que no han sabido metabolizar en y a la hora del trabajo. Hay fracaso allí donde no hay juego. Sísifo triunfa pese a todo porque tiene un momento para las palabras, para el pensamiento, en cada intervalo, para la conciencia. No es del todo un esclavo. Los esclavos lo son precisamente por la ausencia de intervalos. El ocio, si se quiere, está mal concebido, mal explicado. Y tampoco se explica en la escuela salvo que se haga a través del deporte.

Pascal Quignar explica en su libro de El lector la pasión de la lectura siguiendo a Hugo, otro lector del Siglo XII que entendía su único ocio, en realidad su único trabajo, como un rapto del alma, como un peligro mortal, pues la lectura es la contemplación misma para el clérigo. El libro, la lectura, como la ausencia del mundo. A esta ausencia del mundo que es la lectura añadiría Hugo la soledad, que haría del lector un ser único, pues estaría dos veces solo. Afuera, solo así mismo como afuera, lo cual se parece mucho a la tesis de Marías acerca del desvivirse español, raramente hallado en otras culturas o países. Pues desvivirse es desvivirse por algo. Cuando algo nos interesa nos arrebata, nos saca de la alienación. El desvivirse como la fórmula innata del interés, inter esse, hallarse entre las cosas. Eso que en Unamuno es amor.

Quiero decir que concibo el trabajo como ocio, y el ocio como trabajo. La concepción del trabajo es hoy entre sus agentes una idea malsana, y enfermiza por culpa de la división que se aplica entre ambos. Si mi trabajo no es mi ocio y mi ocio no es mi trabajo estoy perdido. Quignard debió de experimentar una cosa parecida cuando  sintió que no vivía en sí, cuando huyó del mundo para organizar un duelo con su destino. Cuando empezó a organizarse con las palabras, con los cuentos, con el siglo XVII, pues si el siglo XVII es algo es Quignard. Lo veo venir.

Por lo tanto acabo imitando a san Juan de la Cruz siguiendo a Pedro Salinas:  imágenes que inclinan su hermosura sobre espejos que nunca las reflejan.¡Qué cadáver ingrávido: un mañana que muere al filo de su aurora cierta! Vísperas son capullos. Sí, de dichas; sí, de tiempo, futuros en capullos.¡Tan hermosas, las vísperas!¡ Y muertas!

He terminado, sr. Presidente, muchas gracias.


0 Comments:

Post a Comment

Links to this post:

Create a Link

<< Home

ecoestadistica.com