El ladrón de orquídeas
Creo que este mural moral, como lo define el gran XP, se transforma hoy en un muro
orquidáceo porque leo que hay más de 30 mil especies de orquídeas, y que esta
flor cumple misiones tan complejas como
las metáforas y se une a todo, incluso a los hongos menos definidos. Estaba tan
tranquilo y vino de pronto un manto de orquídeas que quería compartirme. Streep
estaba echada en la cáma, y reflexionaba en voz alta. Se preguntaba si podría
tener una experiencia de pasión y trascender sus artículos del New Yorker.
Pensé en JGJ que ya en el pasillo
un día me dijo que yo quería algo más ¿no? Y ello me llevó también a Steiner
que hizo en el New Yorker varios textos desafiantes. Por ejemplo Steiner nunca
ha sido amable con los críticos, y sin compararme con él yo también acababa
este año un párrafo abriendo una orquídea en la que podía leerse esto: filmar a
un hombre mediocre haciendo que en la noche brillen, como en el universo, las
estrellas, es algo que no está al alcance de cualquiera, ni tampoco de aquellos
críticos que no suelen mirar el firmamento.
No todas las orquídeas huelen
bien, pero decidí atenderlas porque irradiaban la belleza. Además me planteaban
un reto, el de la similaridad. Nicolas Cage es Charlie Kauffman y a la vez es
Donald Kauffman. Los Kauffman son los dos guionistas de El ladrón de orquídeas, y
una orquídea es como otra orquídea, igual que un hombre es igual a otro hombre
mientras no experimentes una orgía de pasión, es decir, una emoción empírica.
Yo también tengo un hermano gemelo con el cual paseo a veces, pero no sé si
salgo con él, o es él quien me saca. Lo que sí nos pasa es como Cage, que no paran de
hablar en ningún momento. Charlie tiene que leer el libro de la periodista
porque ha de hacer una adaptación, y su hermano ha visto que tiene que cambiar
y hacer filmes de acción si quiere triunfar en la vida. Ahora con lo de Amy
Martín creo que yo también voy a convertirme en un perseguidor de Amy Martín,
ya que le presta tan poco interés al hombre gélido que por unos
momentos he sentido la impresión de que Meryl y Amy son hermanas gemelas. En realidad quienes somos hermanos gemelos somos Meryl and me, porque nacimos con una diferencia de 48 horas.
La adaptación es el tema que me traen las orquídeas como embajada, y eso me hace pensar en Rajoy que actúa como si en vez de uno tuviera nueve o diez hermanos gemelos, ya que para tomar una decisión les pregunta a todos, ¿y qué hago? No sabe lo que hacer. Tiene 400 asesores en palacio pero están quietos parados como si más bien quisieran parecerse a mis orquídeas bellas. Pienso cómo han cambiado las cosas en el universo de la progresía. Nosotros, a diferencia de estos pijos de izquierda, es un decir, teníamos que esforzarnos para dar con Streep y decirle alguna frase coherente o convincente. Entramos en el New Yorker y coincidimos en el ascensor con ella, pero finalmente ella alcanza la salida y no decimos ni mu. Entonces, Donald que es un hombre de acción y más valiente que nosotros, queda con Meryl y la asalta en la oficina. Donald no hace bien nuestro papel, y eso lo descubrimos cuando vuelve a casa y nos cuenta lo que pasó. Los Martin también se fueron a Nueva York con secretas intenciones, pero no erraron con el hotel.
La adaptación es el tema que me traen las orquídeas como embajada, y eso me hace pensar en Rajoy que actúa como si en vez de uno tuviera nueve o diez hermanos gemelos, ya que para tomar una decisión les pregunta a todos, ¿y qué hago? No sabe lo que hacer. Tiene 400 asesores en palacio pero están quietos parados como si más bien quisieran parecerse a mis orquídeas bellas. Pienso cómo han cambiado las cosas en el universo de la progresía. Nosotros, a diferencia de estos pijos de izquierda, es un decir, teníamos que esforzarnos para dar con Streep y decirle alguna frase coherente o convincente. Entramos en el New Yorker y coincidimos en el ascensor con ella, pero finalmente ella alcanza la salida y no decimos ni mu. Entonces, Donald que es un hombre de acción y más valiente que nosotros, queda con Meryl y la asalta en la oficina. Donald no hace bien nuestro papel, y eso lo descubrimos cuando vuelve a casa y nos cuenta lo que pasó. Los Martin también se fueron a Nueva York con secretas intenciones, pero no erraron con el hotel.
En realidad Charlie, es decir yo, somos unos inútiles con
las mujeres porque no entendemos el papel que hemos venido a jugar a este
mundo, para ello ya está nuestro hermano. Somos unos inadaptados.Y un día Charlie levanta
la mano en un encuentro corporativo y un guionista experto subido a un escenario lo pone a caldo en
medio del público por haberle formulado una pregunta
idiota. Cree Charlie que en la vida no pasa nada interesante y eso le desespera, y
entonces es cuando los Kauffman entran directamente en la película y trastocan
personajes y objetos, relaciones, y desenlaces, como si se creyeran tarantinos aunque yo hubiera permitido que
las orquídeas hablaran.
Ahora, por el contrario, todo el
mundo da muestras de estar bien adaptado. Rajoy, por ejemplo se adapta de puta
madre a Montoro, a Más y a lo que se tercie. Martín, que yo creía que era un
chico, ya se verá, se adapta bien a su marido, pues ha vuelto a sus brazos en
un santiamén. Las dos Sorayas imitan a los Cage, y no es fácil saber
distinguirlas. Strepp se adapta asombrosamente al ladrón de orquídeas, un tipo
al que le falta la mitad de la boca, y yo me adapto a mi otro yo, porque hay en
toda adaptación un problema de identidad. A lo mejor no tengo un hermano
gemelo, porque mi hermano gemelo es mi esposa. Sí, dice Donald, tú y yo somos muy
diferentes, y lo cree de verdad. Sólo que en las orquídeas también aparece
Darwin, científico en el que yo creía tanto de niño y del que ahora ya no creo
nada, sobre todo en el momento en el que vienen a vender nubes gómez de la
serna y el modelo del cambio climático, esa espantada. Por Dios, lo que ha
cambiado son los territorios, los cauces, las geografías. Ya dijo un día Alonso
del Real que el hombre no procedía del mono. Etcétera.
No sé quién es Spike Jonce, ni
Ami Martín, ni Andrea Echeverri J., que hizo en su día una crítica espléndida
del ladrón de orquídeas. Como dice la publicidad existen un millón de fines
posibles. Sin que podamos saberlo el tejido existencial nos une inexorablente a
personas que hemos acabado por conocer y a otras que pronto conoceremos. A lo
mejor Martín es un crack, como le dice una bella amante a Charlie o a Donald en
la cama. Todavía les funciona la patata. Aunque yo creo que Amy tiene una
gemela o bien un club de fans que ella ha organizado con esmero y con sibilina
estrategia ideológica, ya que tengo entendido que en los colegios al menos les
enseñan una cosa, a buscar el triunfo a costa de lo que sea. Ya dice una de las
dos Sorayas que robar es legal y moral. Quizá también a Soraya le tire algo eso
de hallarse entre hombres aunque los hombres se parezcan cada vez más al marido
de Susan Orlean/Amy Martín, esos tipos a los que le sienta tan mal la corbata y
cuando salen de la ducha parece que salen todavía manchados.
No sé qué pensar del arribismo,
ni de los esposos silenciosos. En los EE.UU hay un millón de escritores y todos
publican sus novelas sin pagárselas. Aquí hay algo menos, pero la gente se
comporta de una manera harto extraña. Los editores son idiotas, los escritores
por lo general también; no hay más que leer El País, ese sucedáneo. Los
lectores son de coña, pues no distinguen las orquídeas ni se molestan en
mirarlas si descubren en un matojo oscuro esta protuberancia lumínica. En
Luarca cuidan 31 calamares gigantes, que ya se han comido a algunos hombres en
las playas del Perú. Aunque a Rajoy no parece. 31 es el número de los
paradigmas del cuento en la monografía de Propp. Yo también salgo en uno de
esos paradigmas inquietantes en el que el héroe da verdadera pena. Leyendo a
Hemingway creo que soy el boxeador sonado que espera a sus asesinos sin
inmutarse. Oye, tío que hemos oído en el bar que vienen a matarte, y él les
dice, sin volverse, que vengan, que no tiene nada que perder. Einstein, con el
que Streep/Susan hubiera querido compartir una cena dijo un día que uno de los
motivos más determinantes que conducen a los hombres hacia las artes y las
ciencias es escapar de la vida cotidiana por su dolorosa crudeza, y desesperada
monotonía.
Carezco de una hipótesis
Goldbach, pero creo que estos cuatro personajes del ladrón de orquídeas son,
como diría Steiner, espíritus poseídos por el infinito y siento que me hallo
entre ellos. Mientras, mis visitadoras han huído inmarcesiblemente.
He terminado, sr. Presidente,
muchas gracias.


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